Hace ya un tiempo que no os pasabamos información de concumo colaborativo ¡Hoy toca!

Intercambio de casas en vacaciones,  coches compartidos para ir a la universidad, viajar a otra ciudad o trasladarse al trabajo, compartir edificio y oficinas para trabajar (coworking), la financiación colectiva de proyectos (crowdfunding),  intercambiar horas de tiempo para prestar servicios concretos,  los préstamos entre particulares (P2P), que  se ahorran las altas comisiones bancarias, los huertos compartidos… Todo esto forma parte de lo que se ha dado en llamar consumo colaborativo y ha aumentado en España desde que comenzó la crisis.

En 2011, la revista Time eligió al consumo colaborativo como una de las diez ideas que cambiarán el mundo. Hoy en día los ciudadanos se están conectando para consumir, educarse, viajar, financiarse, etc. de manera conjunta y directa. El consumo colaborativo es el ejemplo más actual del valor que la web proporciona a los consumidores. Hasta la revista TIME lo ha incluido como una de las 10 ideas que van a cambiar el mundo.

El concepto de consumo colaborativo surgió en 2010 cuando los ingleses  Rachel Botsman  y Roo Rogers publicaron What it´s mine it´s yours: the rise of collaborative consumption (Lo que es mío es tuyo: el auge del consumo colaborativo). Señalaban que el futuro de la sociedad ya no estaría en la propiedad de las cosas, sino en el acceso a las mismas. ¿Para qué poseer algo si se puede compartir? Los autores utilizaban ejemplos en los que la propiedad de los bienes, en muchos casos, quedaba obsoleta. Lo que se necesitaría ahora es sólo acceder a los bienes.

La moneda de la nueva economía colaborativa es la confianza”, dice Botsman refiriéndose a la importancia de intercambiar bienes y servicios entre particulares. “La reputación se convertirá en el activo más importante de la gente”.

Botsman y Rogers distinguen tres sistemas de consumo colaborativo. El sistema basado en el producto: se paga por utilizar un producto en vez de adquirirlo; el de redistribución: derivar los objetos que ya no se utilizan a donde se  necesitan, por ejemplo, el intercambio o los mercadillos de segunda mano; y el de compartir estilos de vida: gente con intereses comunes se juntan para compartir e intercambiar tiempo, espacio, habilidades o dinero.

Dicen los expertos en esta nueva economía que el consumo excesivo que ha caracterizado las décadas anteriores, el tener por tener bienes y servicios ha dejado paso al poder acceder a ellos sin necesidad de poseerlos.

“No hay placer en poseer una cosa no compartida” – Séneca

Vía blogs.20minutos.es

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